ESTAMOS VIVIENDO EN JUJUY

PuenteConOvejas

Luego de muchas horas de ruta, con los perros ya cansados de viajar y un poco desorientados sobre lo que pasaba, llegamos y vimos el cartel que tantas veces nos había recibido en nuestros viajes, pero que hoy cobraba un significado aparte, estamos viviendo en Jujuy. Bienvenidos a Tilcara.

Llegabamos casi al atardecer luego de dos días de viaje, nos esperaba ya en la cabaña Isabelle, originaria de Francia y allí mismo, mientras bajaba el sol en el patio de tierra, acordamos alquilar su cabaña, y si era un hecho… estamos viviendo en Jujuy.

Vivir ese primer mes en la cabañita de un ambiente con una cocina bien pequeña y un bello baño ya en sí misma fue toda una experiencia diferente. Cabaña de ladrillos de adobe, techo de cañas dentro y por fuera este mismo techo cubierto con una torta de barro pintada de rojo, como veríamos luego en todas las casas de la Quebrada.

Y allí comenzaba toda una nueva experiencia de vida. Lo primero a lo que debimos acostumbrarnos fue a la libertad, con sus múltiples significados. Desde los límites de la casa, no tenía rejas, no estaba siquiera cercada, cómo aprenderían los perros cuál era el límite, pero en realidad no eran los perros quienes debían aprender este nuevo estilo de vida, éramos nosotros quienes debíamos aprender a vivir en libertad.

Hasta con la libertad del tiempo, ese oro en polvo del cual aprenderiamos muchísimo los próximos años.
El tiempo en el norte es diferente, se detiene, se duplica, se cuida y se valora, lo aprenderiamos luego. Las primeras sensaciones se relacionan todas con el desacelerar, era el punto común de la compra en el almacén de la esquina, de la caminata hasta el mercado, del sol que sale más tarde porque primero debe escalar el cerro, del desacelerar hasta para poder respirar al caminar.

Viviendo en Jujuy aprendes primero que el tiempo es el valor más preciado, que esa libertad de tiempo te permite comenzar a ver, a prestar atención a tu alrededor a ese entorno. Ya no éramos caballos con sus cubre ojos caminando sin poder observar más que lo que tengo delante, transitando por el pequeño camino que me permiten ver mis ojos cubiertos, ahora comenzábamos a ver mucho más.

De repente estábamos viviendo en el norte, esto era real. Teníamos tiempo para hacer las compras diarias, con nuestra bolsa rayada cual abuela cuando iba al almacén, teníamos tiempo de cocinar, y es que literalmente necesitas más tiempo para que hierva el agua o para que se cuezan las papas, es que hay poco oxigeno aquí.

Molle
Molle

El segundo cambio notorio fue este, nuestra alimentación, esta se modificó radicalmente, aquí las verduras y las frutas no sólo tienen color, sino sabor. No hay deliverys, no hay comida rápida que te saque del paso para poder meterle mas horas de trabajo a tu día. La comida rápida son unas empanadas del mercado, un tamal o una humita, pero sos vos el que tiene que caminar a buscarlas y lo que estás comiendo es lo que se sembró en los pueblos vecinos y lo que está de temporada.

Luego de un mes viviendo allí, en pleno centro de Tilcara llegó el momento de cambiar de casa, nos mudamos a otra cabaña del otro lado de la ruta en el barrio Radio Estación. Conocimos la casa con su actual inquilina, una señora que venía de Bs As también, luego de una charla de horas, como era siempre por aquí, nos deseó que ojalá esta pasará a ser nuestra casa al irse de allí y una semana después nos encontrábamos hablando con Oscar, su dueño quien nos decía de la manera más natural a estos dos porteños casi recién llegados, “las gallinas si quieren las dejamos, o si les molesta me las llevo con las mías” y así de golpe teníamos casa nueva, con gallinero incluido y huevos frescos todas las mañanas.

Las vistas de todo el pueblo de Tilcara desde el escalón de la entrada no dejó de sorprendernos hasta el día que dejamos esa casa, seguíamos sin poder creer que estábamos viviendo allí. Estábamos cumpliendo un sueño, y cada día no dejaba de darnos mas y mas felicidad, reafirmando ese primer impulso de cambio de vida.

Pero el estar viviendo en Jujuy, no todo es de ensueño, no todo fluye o transcurre a la perfección, no siempre los astros se alinean o el universo conspira a nuestro favor y allí los miedos cuando pasa la etapa de la novedad y fascinación volvían a aparecer y venían desde una de las áreas de la vida que más miedo al cambio genera, el trabajo… “Esto no me gusta, me quiero volver”
Pero esta parte de la historia queda para el siguiente capítulo de este blog.

Gracias por llegar hasta aquí.
Como siempre te decimos no te olvides que tu vida te tiene que gustar y solo vos podes hacer que eso suceda.

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