NUESTRO PRIMER AÑO EN EL NORTE (Parte 3)

Nuestro Primer año

En nuestro blog anterior nos quedamos en ese momento de este gran viaje interno en el que ya pasó la novedad de haberse mudado a Tilcara y la emoción de encontrarse viviendo en nuestro lugar soñado. Pero comenzaban a aparecer algunos miedos algo inesperados. Este es un blog de nuestro primer año en el norte, en el cual aparecen miedos relacionados justa e irónicamente a este cambio, a todo esto tan diferente que venía para quedarse.

Debemos confesarles que la más decidida al momento de dejar todo y partir hacia Jujuy fui yo, Fer. Pero también fui yo la única que flaqueo y después de 6 meses viviendo en Tilcara dijo “Esto no me gusta, me quiero volver”, a lo que Lucho me respondió casi sin pensarlo… “yo no vuelvo”.

Nuestro primer año fue, haciendo hoy a lo lejos un balance, un gran pero gran año. En el cual nos cruzamos con las personas justas en los momentos justos. Y en el cual vivimos las experiencias más enriquecedoras metiéndonos de lleno en la cultura del norte, la Cultura Andina.

Pero como les contaba más arriba, tuve un momento de duda, y este fue en relación a lo laboral. A esa área de tu vida que hasta que aprendes a desapegarte, es la que más seguridad suele darte. 

Pasar del mundo competitivo de la gran ciudad a nivel Profesional, en el cual vas sumando horas y horas de formación, porque es una carrera sin fin de perfeccionamiento. A pasar a un pueblo, en el medio del cerro, en el cual sos quien sos no lo que haces. Fue un enorme cambio para mi y la respuesta de Lucho al decirme “yo no vuelvo”, me llevo directo y sin escalas a modificar y a dejar estas viejas estructuras que sin notarlo, no estaba pudiendo dejar.

Ese fue el ritmo que mas me costo bajar. Parar, aprender a mirar, realmente mirar al otro y escucharlo. Que lo que los libros decían que debía hacer ese niño aquí no aplicaba, porque la rutina es distinta. Son otras la cultura, las experiencias del día a día y los valores ni hablar. Me llevaron a mi en lo personal a tener que hacer un cambio total de mirada de mi profesión.

Si bien uno va en busca de lo diferente porque internamente algo te mueve a ello. Lo primero que uno hace de manera inconsciente es aferrarse a lo conocido que te da seguridad y querer sostenerlo. Y es ahí cuando aparece el miedo. Esos miedos inesperados. Por eso siempre te dicen que debes darle al menos un año de chance a ese nuevo lugar.

Hasta que aprendí, ¿y que es lo aprendí? A disfrutar de lo que no tenía ni idea que se podía disfrutar, el tiempo. Que no hace falta trabajar los 5 o hasta 6 días de la semana todas las horas de tu día. Que el tiempo acá se mide distinto y se valora distinto. Porque las experiencias no te las da el dinero que esas horas de trabajo te daban, acá las experiencias te las daba el estar afuera. En contacto con el otro, aprendiendo otra cultura, otro estilo de vida y sobre todo haciéndolo tu vida.

Entonces… vamos a ello, lo que más nos terminó de enamorar del norte, fueron todas y cada una de las experiencias con las personas que Quebrada nos cruzaba. Todas esas experiencias que vivimos durante nuestro primer año viviendo en Tilcara. Todo eso que uno sale a buscar cuando persigue ese gran cambio, a abrir un poquito más nuestra mente a lo diferente y experimentarlo.

Llegaba en Abril la celebración de San Marcos y nos invitaron a la Escuela rural de Alfarcito. Un pueblo pequeño, que se encuentra al caminar un buen tramo pasando la garganta del diablo. No teníamos idea que se celebraba ni mucho menos todo lo que íbamos a vivir allí. 

Camino a la Garganta
Camino a la Garganta

Luego de seguir camino por la calle que rodea el ingreso a la garganta del diablo. Seguís caminando y vas viendo paredones de laja negra en la montaña y en un punto del camino bajas al rio y desde allí otro tramo hasta llegar a la escuela rural.

Resulto ser que San Marcos es el patrono del ganado y ese día en la capilla que se encontraba junto a la escuela celebraban su día. Toda la gente de Alfarcito estaba allí, eran unas 20 personas y nosotros. Nos recibieron muy bien, algo tímidos como suele pasar por el norte, sobre todo en pueblitos metidos en el cerro, hasta que se animan a hablarte y allí surge lo mejor.

A media mañana llego el momento del primer encontronazo cultural. La celebración de los cuartos y para ella lo invitaron a Lucho a participar, mientras yo lo observaba sentada en los escalones de la escuela.

A manera de ofrenda se realiza un “baile” en parejas, en esta oportunidad eran todos los hombres del lugar. En el cual en fila de a dos por vez, ambos sosteniendo por sus extremos la mitad de un cabrito. Van pasando a pedir permiso al santo bailando mientras suenan sikus y algún bombo.

Esa mitad con la cual se baila luego debe ser partida en dos. Solo con la fuerza a tirones de ambos hombres, y el que se lleve la parte más grande tendrá mayor abundancia ese año. Y así fue, entre risas del publico que luego de varios tirones, mirándome absorto mientras lo hacia que Lucho se quedo con el cuarto mas chico.

Luego llego el momento de jugar, se acerca Marcelo sonriendo y nos dice “vamos a jugar al gallito ciego”. Si, ese juego que todos al menos de donde veníamos conocíamos de nuestra infancia. En el cual te vendaban los ojos y debes lograr atrapar a uno de tus amigos luego de haberte mareado con miles de giros. O al menos eso creíamos.

Sentados en otra parte del patio de la escuela observamos atentos la preparación para este juego. 

Comenzaron a cavar y a hacer un pozo poco profundo en el suelo en medio del patio. Una vez listo alguien se acercaba con un gallo entre sus manos. Al principio no relacionamos el pozo al gallo.

Pero resulta que ese gallo era parte del juego, lo iban a dejar escondido en ese pozo al menos por un ratito, (aclaremos que no sufre ningún daño). Ese gallo que alguien trajo de su casa , permanece allí escondido. Cubierto con un trozo de laja, seguramente del camino. Hasta que alguno de los participantes con sus ojos vendados y luego de ser mareado con varios giros, logra encontrar el pozo utilizando un palo.

El que encuentra al gallo se lo lleva a casa para su gallinero. Estábamos viendo la forma original de un viejo juego de nuestra infancia. Era literal el juego del gallito ciego, nos quedábamos por segunda vez en el día boquiabiertos.

Terminadas todas las actividades pautadas nos invitan a compartir un plato de locro. Primer plato de locro, y con la panza llena emprendemos el retorno a casa. Caminamos por todo el recorrido de la garganta del diablo hasta el pueblo de Tilcara. Con un cuarto de cabrito al hombro mientras el sol se escondía detrás del cerro. Casi sin hablar felices de todo lo que acabamos de vivir.

Y así terminaba uno de esos tantos momentos que nos dejaba sin palabras. Sin saber que teníamos aun muchos más que vivir en nuestro primer año. Como la Ceremonia a la Pacha Mama, El Inti Raymi, El Éxodo Jujeño y la quema y finalmente el Carnaval, pero esos se los contamos luego.

Gracias por leernos y llegar hasta aquí, tenes mucho más para leer. No se olviden que si lo que compartimos les gusta y les sirve pueden colaborar con este proyecto dejando un comentario. Compartiendonos con sus amigos y también invitándonos un cafecito en la App Cafecito.

No te olvides que tu vida te tiene que gustar y solo vos podes hacer que eso suceda.

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